El pecado del desnudo

La imagen de los San Fermines más comentada en internet no es, por ahora, la de ningún toro tomando en alza y dañando a un joven, sino la de una mujer semidesnuda rodeada de hombres borrachos que tocan sin pudor y, por supuesto, sin permiso todo su cuerpo. Las reacciones de la mayoría ya se han hecho notar con un sonoro “es que va provocando”, que justifican sin cesar esta acción machista que se repite año tras año en fiestas en las que predomina el alcohol.

sanfermin-debate

Para hacer un análisis correcto de una imagen como esta habría que remontarse mucho antes a estas políticas de igualdad que llenan la boca de los políticos actuales. Partimos de que vivimos en una sociedad donde el desnudo es considerado pecado. Sí, una de las cosas que más nos iguala como personas y que más nos hace disfrutar, resulta que es pecado. Las religiones, no sólo la católica, conciben que enseñar determinadas partes del cuerpo constituye una falta grave. Así el que enseña mucho ha pecado, y si enseñar ha supuesto un perjuicio para su persona ha sido, cuánto menos, su culpa porque “va provocando”. Creemos vivir en una sociedad donde para nada se acusa a las mujeres por enseñar demasiado su cuerpo, hasta que ocurren casos como este.

En esta imagen, y en muchas otras de los San Fermines, la sociedad necesita un culpable ¿Es ella? ¿Son ellos? Si fuéramos capaces de desligar los conceptos de desnudo y pecado, habría un claro culpable, ellos. La chica, que es libre de hacer lo que le de la gana, puede mostrar lo que quiera a quien quiera sin que ello justifique que todos los presentes puedan abusar de su cuerpo. Pero esta ideología machista que achaca que la mujer es la culpable por ser libre es la que provoca que se nutran términos como “calentorra”, “guarra” o, por decirlo menos descarado, “calienta braguetas”. Y una vez otorgada alguna de estas calificaciones ya existe la libertad de tratarla como objeto. “Ella se ha desnudado, ella puede ser tocada”, una afirmación casi tan aplastante como “Pienso, luego existo”. Por esta regla de tres, las mujeres tendrían la libertad de lamer los pezones de todos aquellos hombres que vayan sin camiseta por la calle, de tocarles el culo si enseñan demasiado las piernas y de apoyarlos contra la pared y hacerles lo que les de la gana porque “van provocando”. Y en este caso, ¿quiénes son los culpables? Y la sociedad grita¡ELLAS! ¿CÓMO SE ATREVEN? SERÁN GUARRAS…

No justifico a la chica de la imagen, no la conozco, no sé si ella decidió desnudarse o si fue empujada como muchas otras entre sus amigos bebidos para hacer la gracia del viaje. Pero jamás justificaré que se pueda abusar del cuerpo de alguien por esa falsa concepción de la provocación.

Mientras tanto seguiremos diciendo que en España predomina la libertad y la igualdad.

Artículo recuperado de mi blog en Ochavillo.com

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