Reflexiones de una chica feliz

Siempre me he considerado una persona muy positiva. He visto el vaso rebosante de agua en los peores momentos, he contemplado la luz desde el inicio del camino y siempre he apreciado que las cosas solo tienen un lado, el bueno.

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He considerado que, con el tiempo, las peleas y enfrentamientos con amigos y parejas ayudan a reforzar las relaciones y que la reconciliación es el mejor de los premios. He aprendido que si pierdo el autobús es porque tenía que haber salido antes de casa, que si se me quema la comida es porque debo estar más pendiente y que si la ropa huele mal es porque ha pasado demasiado tiempo húmeda dentro de la lavadora.  He experimentado que los exámenes suspensos tienen una recompensa mayor cuando te superas a ti misma, que el trabajo de horas sin dormir puede convertirse en una matrícula de honor y que el precio de la Universidad da, a pesar de todo, una sonrisa a tus padres cuando recibes el título final. Incluso, aunque los medios de comunicación intenten vendernos lo contrario, he comprobado que la lucha en la calle, los fríos encierros en la Universidad y las largas reuniones funcionan.

Sin embargo este país me está matando, agotando cada día mis esperanzas y sueños. Llevo relativamente poco tiempo buscando trabajo, pero cada paso se hace cada vez más difícil. Imprimo mi curriculum con un dinero que no es el mio y entrego en mano y por internet mi perfil en la búsqueda de algo que me ayude a sufragar gastos, los mínimos, bonobús, compra semanal y, como capricho, un café los sábados por la tarde. No me importa poner cafés, servir hamburguesas y pizzas, vender ropa, intentar convencer a la gente por teléfono, limpiar, cuidar niños… lo único que quiero es sentirme un poquito realizada, sentir que sirvo para algo. Acudo a entrevistas siempre con una sonrisa y cargada de esperanza, salgo con la convicción de que “esta vez puedo conseguirlo” pero nunca recibo llamada, ni siquiera para decirme que “no cumplo el perfil”, sea cual sea. Cada caída es más y más complicada, siento que no sólo me fallo a mi misma, sino que también fallo a cada una de las personas que me rodean, que confían en mi.

Pero, ¿saben qué? incluso esta situación tiene su lado positivo, al menos me ha inspirado para escribir este artículo. A pesar de todo, sigo en pie.

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