Avanzando en Derechos Humanos: los derechos sexuales y reproductivos

Introducción: aproximación a la idea de los derechos sexuales y reproductivos

Una vez tomamos la decisión de detenernos a hablar de Derechos Humanos y de lo que significan para el mundo en el que vivimos, establecemos cierta distancia con aquellos que se refieren a los derechos sexuales y reproductivos de las personas (aludimos a derechos sexuales de las personas aunque, generalmente, las que no tienen garantizados estos derechos, y por tanto sobre las que profundizaremos el tema, son las mujeres). Nos encontramos atados a las ideas del relativismo cultural, las cuales defienden la independencia de las culturas y de las diferentes concepciones hacia una idea o creencia dependiendo del ámbito social en el que hayamos crecido.[1] Educativamente, tratamos el derecho de la libertad sexual y de los derechos que esta genera como un tema tabú,[2] que queda dentro de la intimidad y decisión de cada persona. Sin embargo, son muchas las actuaciones de violación sobre algo tan decisivo como es la libertad sexual, pero que dejamos de lado por considerarlo un tema privado o atendido como correcto desde su cultura. Tal es así que la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 no contempla, de forma explícita, los derechos sexuales y reproductivos. Aunque estos sí pueden entenderse dentro de aquellos que contemplan las libertades individuales de elección y decisión, atenderemos que “aquello que no se nombra no existe” y que por tanto, a nivel mundial, no se puede aludir a un derecho humano para ciertos Estados que atentan contra los derechos sexuales y reproductivos. Pero dado que la Declaración Universal es la que única “normativa” existente a la que podremos atenernos a nivel mundial, nos valdremos de ella para garantizar y defender los derechos sexuales y reproductivos a través de sus artículos.

Leer entre líneas: los derechos sexuales y reproductivos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos

Para avanzar en relación al concepto de los derechos sexuales y reproductivos (en adelante derechos sexuales), daremos algunos datos acerca de las limitaciones de libertad sexual de las personas pero, sobre todo, de las mujeres y de los colectivos LGTBI (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intrasexuales).

Luis Rodríguez, Francisco Javier Álvarez y Pilar Gómez determinan la violación, el rapto y la prostitución como formas de atentar contra la libertad sexual de las mujeres, y por tanto determinantes de delito.[3] Pero además, la organización no gubernamental Amnistía Internacional, a través de la campaña Mi Cuerpo, Mis Derechos (la cual actualmente se está llevando a cabo), atiende a delitos contra la libertad sexual también los matrimonios precoces, la mutilación genital femenina y aquellos en relación a la obligación del embarazo o la prohibición del aborto.[4] Rafael Alcácer determina además que los delitos de agresión sexual comprenden la violencia o intimidación ejercidas con carácter vejatorio y los hechos que adviertan que la víctima pertenezca a un colectivo vulnerable.[5]

Atendiendo a estas definiciones: ¿qué se consideran entonces derechos sexuales y reproductivos de las personas? Que cada persona tenga derecho a elegir libremente la persona con la que desea casarse y si quiere, o no, tener hijos y cuántos, que sea libre de elegir a la persona o personas con las que desea mantener relaciones sexuales (sin que ello deba estar estrictamente ligado al matrimonio), que ninguna persona sea coaccionada u obligada a mantener relaciones sexuales, que sea libre de recibir y solicitar información sexual y que pueda recibir atención sanitaria para la salud sexual y reproductiva.

Actualmente, y atendiendo a la definición aportada sobre los derechos sexuales, nos encontramos con numerosos casos a nivel mundial que atentan contra estos. Entre ellos encontramos: la homosexualidad como delito en 78 países, la obligación de una mujer de casarse con su violador para mantener el honor familiar (Marruecos), la práctica de la mutilación genital femenina, la prohibición del aborto en todos los casos (Burkina Faso) y del acceso a métodos anticonceptivos,[6] la acción continuada de feminicidio (Centroamérica) o el tráfico de mujeres con el fin de explotación sexual (en España existen un 70% de mujeres que fueron engañadas con un futuro mejor y son víctimas de la prostitución).[7]

Aunque algunos países tienen concretado en su Código Penal los delitos contra la libertad sexual, ¿Cómo defender estos derechos frente a la Declaración Universal de los Derechos Humanos? Separados los derechos sexuales en diferentes derechos, encontramos que los artículos de la Declaración bien encajan en todos ellos, y que aunque no estén contemplados explícitamente, pueden determinarse leyendo entre líneas.

En lo que respecta al acceso a la información sexual, los derechos sexuales encajan a la perfección en el artículo 19 de la Declaración, donde se alude a la libertad de expresión y opinión, así como a investigar y recibir informaciones y opiniones y difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Por su parte, los artículos 3, 4 y 5 de la Declaración que atienden a los derechos de libertad y seguridad, la prohibición de la esclavitud, la servidumbre, la trata de personas y de la tortura y penas o tratos crueles e inhumanos, bien pueden referirse a las prácticas de feminicidio, la mutilación genital femenina y más concretamente a la trata de mujeres con fines de explotación sexual.

Finalmente, en lo que respecta a la elección de la persona con la que se desea contraer matrimonio, encontramos su defensa con el artículo 16 al completo, donde se alude a la libertad de fundar una familia, el libre consentimiento para casarse y la protección de la familia por parte del Estado. Aunque no haya una alusión específica, dentro de este pueden contemplarse también los derechos de libertad sexual de los colectivos LGTBI.

Encontramos así numerosos artículos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos que pueden defender los diferentes ataques contra la libertad sexual de las personas. De este modo, podemos olvidar a la sexualidad como un tema en la intimidad, ya que en aspectos de seguridad, repercute directamente sobre los Estados la garantía de protección de los mismos.

1907886_10152323978034809_197429130_o

Conclusiones y reflexión personal

En las líneas que preceden a estas, hemos pretendido ofrecer cómo los derechos sexuales y reproductivos de las personas son también derechos humanos y, por tanto, defendibles por parte de todos los ciudadanos del mundo. Amparados bajo la Declaración Universal de los Derechos Humanos, los derechos sexuales forman parte de la libertad sexual de las personas, violadas de manera reiterada en muchos países.

En las propuestas de mejora no están solo las obligaciones de los Estados del cumplimiento de los mismos, sino también la conciencia de toda la sociedad. Para ello, el primer paso es mostrar que la sexualidad, y todo lo que ella implica (matrimonio, familia, hijos e hijas, homosexualidad, bisexualidad, etc.) es un proceso natural humano, y que por tanto no debe tomarse como un tema tabú. Dejando a la sexualidad como un tema en la intimidad, se produce el desconocimiento y la generación de dudas sin respuesta, que afectan de forma directa, sobre todo, a las mujeres y a los colectivos LGTBI.

Como parte del sector, no hay que olvidar la función de los medios de comunicación. En ellos reside el eco de las realidades y es a través de estos donde la sociedad mejor puede comprender lo que sucede en relación a los derechos sexuales. La función de los medios de comunicación no debe ser únicamente el contar los sucesos que agreden contra los derechos sexuales y reproductivos, sino ejercer de presión para la defensa de los mismos por parte de los Estados y de los organismos internacionales.

En la garantía del que considero uno de los derechos más importantes, reside una posible solución. La libertad de información (para acceder, recibir y difundir) garantizaría el cumplimiento de otros muchos derechos, como en este caso los sexuales y reproductivos, en un mundo que debería estar amparado y protegido por una Declaración Universal que a veces cae en papel mojado.

[1] Toscano, M. (2011) ¿Qué es el relativismo cultural? Málaga: Universidad de Málaga

[2] Silvia C. Carpallo ofrece una reflexión sobre el sexo como tema tabú en ¿Toleramos más la violencia que el sexo? http://blogs.elpais.com/eros/2014/03/extra%C3%B1os-compa%C3%B1eros-sexo-y-violencia.html

[3] Rodríguez, L.; Álvarez, F.; Gómez, P.; (1988) La justicia ante la libertad sexual de las mujeres Madrid: Ministerio de Cultura. Instituto de la Mujer

[4] Amnistía Internacional. Campaña Mi Cuerpo, Mis Derechos 2014 – 2016

[5] Alcácer, R. (2004) Delitos contra la libertad sexual: agravantes específicas. Barcelona: Atelier

[6] Datos de la campaña Mi cuerpo, mis derechos de Amnistía Internacional

[7] Pérez, A. (2005) El tráfico de mujeres con el fin de explotación sexual. En J. Giró (Ed.) El género quebrantado (pags. 85 – 124) Madrid: Catarata

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s