Rutina preferida e imperfecta

Eran las 9:20 y no dudaba de lo que tenía que hacer. Aprendió de un gran amigo a numerar las cosas indispensables antes de salir de casa: 1. Llaves, 2. Móvil, 3. Ipod, 4. Bonobús, 5. Libro. Nunca numeró el dinero, con 50 céntimos podía sobrevivir. Café de máquina era suficiente. Siempre el mismo ritmo a la hora de bajar a la calle, la misma mirada al espejo del ascensor, cruzar la calle y bajar la cuesta. Los viernes hay que intentar no estorbar mientras Miraflores llena la calle del mercadillo. Una ojeada a las flores es obligatoria: ‘Parece que hoy las rosas las tiene preciosas, pero algo caras’. Los mismos compañeros en la parada. Siempre le toca esperar 8 minutos al autobús. ‘Quizás hoy haya sitio delante del todo, para mirar tranquila por la ventana’ En el camino, historias inventadas con música, una sonrisa tonta que los malagueños miran con extrañeza. ‘Seguro que piensan que soy rara’.

Cafe y telefono

 

Siempre está La Merced viva, los camareros sacando las mesas, los turistas frente a la Casa Natal de Picasso, algún F2F se dirige a su puesto de trabajo y en el bar de la esquina huele a café recién hecho. Siempre firme ante las escaleras mira los plátanos del mercado, tan amarillos. Siempre sigue la línea roja, y lee el cartel de la puerta “Es posible gracias a gente como tú”.

Y comienzan 4 horas, de rutina que no es tediosa. Correo, llamadas y lectura. Cuando se da cuenta son las 13:00 y tiene aún mil cosas que hacer, o deseos de hacer. Parece que la mañana no ha sido activa, y aun así cada salida va acompañada de una sonrisa. Antes de ayer le agradecieron el trabajo, ayer aprendió dónde está Zambia, hoy se le ocurrió gestionar una entrevista sobre Siria y para mañana quiere acudir a una charla sobre Congo. Le rodean conflictos y enfermedades, y junto a ellas esperanza, trabajo y humanidad. Nadie sale a las dos, ni come a las tres. Nadie desconecta al llegar a casa, ni se olvida de lo aprendido cada día.

Trabaja en una rutina que adora, de la que aprende y se supera. Cuando es viernes se apena. Tiene planes, pero se siente sola. Cena, unas copas que se alargan, más de un café y dormir. Hay un hueco, profundo, cada día más. Mira con deseo el 2015, aunque sabe que será la misma rutina, la que ama, la que desea que sea su método de vida, pero la que quiere compartir, una llamada personal o quizás una visita. Es su rutina preferida, aunque imperfecta, como todo lo que le rodea.

Imagen tomada de internet

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