La libertad de expresión como herramienta

El atentado sucedido en París ha puesto el grito en el cielo de múltiples políticos, ciudadanos y por supuesto, periodistas y medios de comunicación, que han (hemos) considerado este como un atentado a la libertad de expresión, baluarte de la democracia en la mayoría de los países europeos. Nadie duda de que este hecho ha supuesto un ataque a uno de los derechos fundamentales, manifestados en las constituciones de los países democráticos y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sin embargo, más allá de lo ocurrido y dejando claro que el ataque sufrido ha sido tal, el análisis que hay que hacer de las consecuencias del mismo debe orientarse a las nuevas libertadas tomadas por los estados occidentales en tanto a la eliminación automática de personas sospechosas de producir ataques terroristas.

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Desde el año 2001 con el atentado a las Torres Gemelas, la expectación por los supuestos ataques terroristas a Estados Unidos y los estados simpatizantes han estado a la orden del día. La creación de Guantánamo o el intervencionismo en países como Irak, son sólo algunas de las claves utilizadas en la que han denominado la “Guerra contra el Terrorismo”. En defensa de los Derechos Humanos, se han intervenido en países subdesarrollados y se han puesto en prácticas violaciones constantes de derechos, por pertenecer o por sospechas de pertenecer a grupos terroristas. Este método ha servido a los estados occidentales de eliminar a sus enemigos con la simpatía de la opinión pública. En su momento, los gritos constantes de No A La Guerra no bastaron para frenar la intervención de Aznar, hoy contaría con todo el apoyo.

Ya no es necesaria la construcción de un enemigo, no hay armas de destrucción masiva, ni siquiera hay Ébola. Lo que ha ocurrido, ese ataque tan directo a los miembros de la revista Charlie Hebdo, bastará de ahora en adelante para volver a tomar las riendas del intervencionismo, para potenciar las detenciones aleatorias, para continuar con el atentado más grande aún existente como es el de los Derechos Humanos. En la prevención no debería haber armas y muertes sin control. Quizás hoy vuelva a soñar con un mundo utópico pero, en el camino, la revolución pacífica.

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