La mujer en el batey dominicano

San Pedro de Macorís, en la zona este de República Dominicana, es la provincia con mayor multitud de comunidades bateyeras del país. Estas se formaron para acoger a los trabajadores de la caña de azúcar y eran habitadas, generalmente, por familias haitianas. Pero ni ya viven solamente haitianos, ni se dedican en exclusivo al cultivo de caña de azúcar. Los bateyes han dejado de ser simples asentamientos de trabajadores azucareros para convertirse en comunidades completas, donde ahora conviven hatianos, dominicanos y dominico-haitianos.

En el caso de las comunidades bateyeras de San Pedro de Macorís, gran parte dependen del municipio de Ramón Santana por lo que el gobierno que le corresponde es la alcaldía del pueblo. Sin embargo, en el día a día, existen otras preocupaciones y necesidades que el Ayuntamiento no puede resolver. Por ello los bateyes se organizan a través de las Juntas de Vecinos, pequeños grupos donde representantes de la comunidad, organizan, debaten y ponen remedio a los problemas de sus habitantes. De ellas nace una nueva distribución en los llamados comités, que se encargan de atender el agua, los campos, la limpieza, el ocio de los jóvenes, etc.

Estas Juntas de Vecinos tienen otorgado un nombre erróneo, pues en su mayoría están lideradas por vecinas de la comunidad. El papel de la mujer en el batey ha quedado, desde sus inicios, invisibilizado a pesar de cargar con la mayor parte del trabajo. Si bien las mujeres no han acudido al corte de la caña de azúcar, el sistema que ha envuelto la producción del mismo ha sido primordial para hacer del cultivo una realidad. Desde que se levantaban hasta que se acostaban, la mujer en el batey ha colado café, vendido azúcar, alistado a los niños, preparado la comida, atendido la casa y sido, seguramente, la última que se fue a dormir.

En la actualidad, donde algunas aún se encargan de todo esto, las mujeres bateyeras toman además el poder de su comunidad a través de las Juntas. Ellas se encargan de todos los problemas de la comunidad, los generales y en ocasiones también los personales que se dan en las familias. “A veces tenemos que atender problemas familiares que buscan una ayuda externa, o incluso casos de violencia en casa” comenta Maira, de la Junta de Vecinos del batey La Cubana. Las Juntas se ocupan de todo, trasladan a las autoridades del municipio las inquietudes, se preocupan de que la comunidad esté limpia, realizan el censo de habitantes o se reúnen con las organizaciones visitantes. “Aunque a veces cuesta, se puede notar la solidaridad y el apoyo de la comunidad a la hora de realizar las actividades. Todos queremos una comunidad mejor”, asegura Estefany, de la Junta de Vecinos de La Balsa.

“A veces tenemos que atender problemas familiares que buscan una ayuda externa, o incluso casos de violencia en casa” comenta Maira, de la Junta de Vecinos del batey La Cubana.

Pero en la suma de todas estas preocupaciones, las mujeres son trabajadoras y estudiantes. Ahora, que el cultivo de caña se encuentra en standby, las bateyeras trabajan fuera de su comunidad y realizan estudios superiores. La mayor parte del estudiantado de la Universidad Central del Este de San Pedro de Macorís está compuesto por mujeres que, antes de prepararse para ir a clase, han dejado todo listo en casa y en la comunidad. Predominan los estudios en educación y psicología, pero también aumenta el interés en medicina y enfermería. “Las mujeres de la comunidad tiene mucha visión, son emprendedoras y siempre están tomando nuevas ideas para mejorar la comunidad” asegura José, uno de los pocos hombres localizados en la Junta de Vecinos de La Balsa.

“Las mujeres de la comunidad tiene mucha visión, son emprendedoras y siempre están tomando nuevas ideas para mejorar la comunidad” asegura José, uno de los pocos hombres localizados en la Junta de Vecinos de La Balsa.

Pero en su rol de trabajadoras, madres, estudiantes, presidentas y tesoreras de la Junta, todas comparten un mismo sueño: vivir en una comunidad mejor y próspera, en la que la juventud encuentre un futuro. Porque ellas no se definen como súper mujeres que todo lo pueden, simplemente son comprometidas y trabajadoras de un mismo sueño. Son la luz de esperanza por un batey mejor aunque a veces la realidad intente apagarla.

Artículo publicado en el periódico dominicano Nuevo Diario, como cooperante de Justalegría

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